Un día cualquiera…

Me levanté temprano , día frío y húmedo. Afeitada, matecito amargo y al Hospital para otro día de trabajo. Siempre cuando viajo, pienso en el día de ayer, de lo que vendrá hoy con una mezcla de ideas y pensamientos sin orden, pues la fiaca de la mañana cuesta sacarla.
Estaciono el auto, siempre a tres o cuatro cuadras (los trabajadores rasos no tenemos lugar adentro) y comienzo a acercarme al Pirovano. Ya en la esquina mi silueta se mezcla con los otros compañeros de trabajo, Médicos, Enfermeras, Administrativos, Técnicos, limpieza ….en la rara mistura de los que entran con los del turno que salen.


Y allá están en la entrada, otros compañeros tomándonos la temperatura a los que llegamos, cuidándonos de alguna manera. Empiezo a recorrer el largo pasillo y nos saludamos con los que nos cruzamos, casi irreconocibles rostros camuflados por los barbijos pero nos conocemos rasgos de tantos años de trabajo.


Y se me empiezan a entremezclar emociones como el orgullo de la pertenencia al Hospital Pirovano, el pasado y este presente de incertidumbre, del miedo que NO nos paraliza, de la valentía de afrontar el día a día, del dolor de los que sufren, de la impotencia por no poder ayudar muchas veces.
Seguramente esto pasará y dejará huellas terribles por el sufrimiento de tanta gente, pero nos va a encontrar siempre de pie.

Dr. Ricardo D’Angelo
Médico Especialista Clinica Médica